Este verso libre no me pertenece, está pensado para los inundados de la ciudad de Santa Fe, Argentina.
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Ser pobre,
definitivamente pobre en estas tierras,
sin destino, sin futuro,
condenado por todas las horas
de tu vida
a permanecer al margen,
afuera,
al costado.
Ser pobre sin destino,
ser carne con precio
vil
para el mercado infinito
donde cotiza
la carne humana.
Ser pobre
y condenado a creer
una y otra vez
en las promesas y las luces
de las jornadas pasajeras
de los políticos perdurables.
Ser pobre
y con el agua a la cintura
cargar,
una y otra vez
irremediablemente,
los pocos bártulos,
la ropa vieja,
algún pedazo de la historia familiar
y caminar,
otra vez sin rumbo,
siguiendo la huella
de los otros pobres
que borra el agua.
Saber que otro pisó ahí
donde ahora no queda marca
saber que otro lloró ahí
donde no queda marca
saber que otro suplicó ahí
(tal vez yo mismo)
donde ya no queda marca.
La próxima lluvia,
el próximo río,
la próxima puesta en escena
de la obra
que todos parecemos condenados
a protagonizar.
Ser pobre,
ser carne con precio,
ser voto con nombre,
ser agua
transcurrir.
Carlos Guillermo Garibay
1 comentario:
Andrú en respuesta:
"1.«Cor Iesu, vita et resurrectio nostra». Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón, fuerte y convencida como un acto de fe, encierra en una frase todo el misterio de Cristo Redentor; nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta, afligida por la muerte de su hermano Lázaro: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá" (Jn 11, 25).
Jesús es la vida que brota eternamente de la divina fuente del Padre: "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1, 1.4).
Jesús es vida en Sí mismo: "Como el Padre tiene vida en Sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en Sí mismo" (Jn 5, 26). En el íntimo ser de Cristo, en su Corazón, la vida divina y la vida humana se unen armónicamente, en plena e inseparable unidad.
Pero Jesús es también vida para nosotros. "Dar la vida" es el objetivo de la misión que Él, Buen Pastor, recibió del Padre: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).
2.Jesús es también la resurrección. Nada es tan radicalmente contrario a la santidad de Cristo ―el Santo del Señor (cf. Lc 1, 35; Mc 1, 24)― como el pecado; nada es tan opuesto a Él, fuente de vida, como la muerte.
Un vínculo misterioso une pecado y muerte (cf. Sb 2, 24; Rm 5, 12; 6, 23 etc.): ambas son realidades esencialmente contrarias al proyecto de Dios sobre el hombre, que no fue hecho para la muerte, sino para la vida. Ante toda expresión de muerte, el Corazón de Cristo se conmovió profundamente, y por amor al Padre y a los hombres, sus hermanos, hizo de su vida un "prodigioso duelo" contra la muerte (Misal Romano, Secuencia de Pascua): con una palabra restituyó la vida física a Lázaro, al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo; con la fuerza de su Amor Misericordioso devolvió la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora..."
(Ángelus. Domingo 27 de agosto de 1989"
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