martes, abril 03, 2007

El Mate

El mate, tal como lo conocemos en mi provincia, Misiones, no ha tenido una gran significancia para mi durante al menos, 18 años.
Mientras estudiaba en el colegio secundario -Colegio Nacional Nº 1 Martín de Moussy-, mis tomadas de mate eran muy esporádicas. Sencillamente no recuerdo haberme preparado mate en mi casa. Pero sí era frecuente que con mis amigos tomara algunos, de cualquier manera no era algo a lo que estaba acostumbrado.
Todo cambió cuando salí de la ciudad y fui a estudiar a Entre Ríos, provincia que he adoptado.
Las largas horas de estudio solitarias y la imposibilidad la mayor parte de las veces, de hablar con alguien, hicieron que mirara con otros ojos a dicha costumbre.
Empecé a comprender cómo hacerlo, cómo cebarlo, cómo controlar la temperatura del agua.
Tampoco compro cualquier yerba mate, trato de elegir la que mejor se “saborea”. He escuchado de boca de mis amigos, que eligen una yerba que no sea tan amarga, y les digo que “la amargura” no es un defecto sino su cualidad distintiva.

Hoy encontramos en Internet muchas referencias a esa bebida, desde una página en Wikipedia hasta un sitio en Inglaterra que vende dicha planta.
También existen errores, como decir que es una bebida que consumen los gauchos. No creo que exista una sola provincia que no consuma yerba mate, en sus distintas variaciones.

Pero hay algo que a mi me produce mucho placer, no es sólo la bebida y sus propiedades, sino su capacidad de aunar, de establecer algún tipo de relación con otro o con alguna cosa u objeto. Me explico mejor, en algunos casos -dada mi profesión- me encuentro solo frente a la computadora y a una larga jornada, muy larga. La única manera de sentirme “acompañado” es con un mate. Parece una entelequia, lo sé, pero no creo ser el único al que le sucede algo similar.
No me quiero detener en los placeres de tomar mate con alguien, creo que se ha escrito mucho al respecto, y lo único que estaría haciendo es una repetición de lugares comunes.

Afirmo sin temor a equivocarme que no existe ninguna otra bebida que se le parezca, y no me refiero a su sabor particular, sino a lo que he explicado antes, a su capacidad de aunar.

Tal vez su misticismo provenga de hace muchos años, cuando los guaraníes -naturales de la tierra- consumían “caá” un fino polvo producido por la molienda de la planta. Atribuye Ruiz Díaz de Guzmán, en su historia escrita en el año 1612 a Hernando Arias de Saavedra, el descubrimiento del uso de las hojas de yerba mate en 1592.
En el año 1903 se hace la primera plantación en San Ignacio, Misiones. Todo lo demás es historia conocida.

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