Este es mi jardín secreto de ternuras
nunca confesadas,
de flores nunca miradas,
de lluvia nunca sentida,
de tanto amor
siempre adormecido.
Bajo la pérgola de la siesta
me asoma tímidamente la sombra
en la noche, tarde
siempre tarde en la tarde.
Ese era mi jardín
revuelto por el viento de las
horas que pasaron y no
volverán.
Ya no.
Fui acariciado por ese tiempo,
las escaleras, el rocío,
el camino que me encadenó
a éste sueño,
a ésa noche de sueños,
cuando todo fue verdadero,
real e incontestable.
Este es un espacio para estar con ustedes. De la manera que me gusta hacerlo ...escribiendo.
viernes, marzo 30, 2007
miércoles, marzo 21, 2007
quia vocasti me
Me cansa la cubierta de la noche
tan llena de estrellas que no puedo
mirar sin que estalle el día
en aquel sol que nace de lo alto.
Me nubla el corazon el día
tan lleno de viento
que no lo puedo seguir, no lo alcanzo
y ella se va,
siempre tan distante.
Me doblo de amor
cuando veo las alas de
aquella mariposa que dejé
escapar de mis manos.
Me canso de tanto amar
cuando escucho mi nombre
en el destierro,
cuando supe que Alguien
me amó primero
para dejarme acompañado
con esa letanía
que se escucha
solo en el temple de aquella noche...
sin estrellas ni soles.
tan llena de estrellas que no puedo
mirar sin que estalle el día
en aquel sol que nace de lo alto.
Me nubla el corazon el día
tan lleno de viento
que no lo puedo seguir, no lo alcanzo
y ella se va,
siempre tan distante.
Me doblo de amor
cuando veo las alas de
aquella mariposa que dejé
escapar de mis manos.
Me canso de tanto amar
cuando escucho mi nombre
en el destierro,
cuando supe que Alguien
me amó primero
para dejarme acompañado
con esa letanía
que se escucha
solo en el temple de aquella noche...
sin estrellas ni soles.
viernes, marzo 02, 2007
Miro hacia abajo
Yo sé que soy apegado a la nostalgia.
Recuerdo todo. Demasiado.
Con mis hermanos vivíamos en las afueras de la ciudad, unos 12 km. Hoy esa distancia no asustaría a nadie, pero estamos hablando de finales del año 1960, y en una provincia donde casi todo era selvático.
Las visitas de los familiares y amigos eran casi nulas, así que, la llegada de alguien era todo un acontecimiento.
En una oportunidad vino a visitarnos una prima hermana de mi madre con su hijo. Venían de lejos y se quedaban sólo unos días. Fueron unos días maravillosos, de juegos de niños, de conversaciones, de asombros.
Cuando ellos se fueron, lloraba en silencio, mientras hacía mis tareas. Recuerdo a mi amada abuela preguntándome que me pasaba, y yo no respondía nada.
Me dolía. Me dolía el corazón.
Años después supe que todas las partidas a las que asistí, tuvieron el mismo efecto, me dejaron una huella honda de pena.
Mi niñez creo que fue un vaticinio de mi soledad, de mi silencio, de mi mirada profunda.
De mi eterna espera.
Recuerdo todo. Demasiado.
Con mis hermanos vivíamos en las afueras de la ciudad, unos 12 km. Hoy esa distancia no asustaría a nadie, pero estamos hablando de finales del año 1960, y en una provincia donde casi todo era selvático.
Las visitas de los familiares y amigos eran casi nulas, así que, la llegada de alguien era todo un acontecimiento.
En una oportunidad vino a visitarnos una prima hermana de mi madre con su hijo. Venían de lejos y se quedaban sólo unos días. Fueron unos días maravillosos, de juegos de niños, de conversaciones, de asombros.
Cuando ellos se fueron, lloraba en silencio, mientras hacía mis tareas. Recuerdo a mi amada abuela preguntándome que me pasaba, y yo no respondía nada.
Me dolía. Me dolía el corazón.
Años después supe que todas las partidas a las que asistí, tuvieron el mismo efecto, me dejaron una huella honda de pena.
Mi niñez creo que fue un vaticinio de mi soledad, de mi silencio, de mi mirada profunda.
De mi eterna espera.
Te miro desde lejos
Ya no recorro tu lejanía,
decadente sombra que marchas
sobre tus pies
te apoyas en uno y los otros
son prestados por tullidos
de espíritu que claman, a voces,
que abandones el intento de construirte
a tí misma, tú, que no eres más que una
imperfecta, pésima imagen que no tienes
de tí.
Das pena, antes tu compañía
era el bálsamo para todas aquellas
tardes, nunca redimidas del todo.
Das alegría, cuando tu forma
no se refleja en el cielo,
aquel que espera, y que nunca descansa.
¿Qué haré contigo, pésima amiga?
No me abandonas, me sigues, me torturas,
no puedo sino tenerte conmigo,
pero no me hablas, y ya no puedo
alcanzarte cuando corro entre estos vientos.
¡Llévame antigua barca!
Déjame desangrarme de amor,
quizá algún día, pueda desandar tus pasos
y tus manos ya no acariciarán más mi rostro
y mi última lágrima no será para tí.
decadente sombra que marchas
sobre tus pies
te apoyas en uno y los otros
son prestados por tullidos
de espíritu que claman, a voces,
que abandones el intento de construirte
a tí misma, tú, que no eres más que una
imperfecta, pésima imagen que no tienes
de tí.
Das pena, antes tu compañía
era el bálsamo para todas aquellas
tardes, nunca redimidas del todo.
Das alegría, cuando tu forma
no se refleja en el cielo,
aquel que espera, y que nunca descansa.
¿Qué haré contigo, pésima amiga?
No me abandonas, me sigues, me torturas,
no puedo sino tenerte conmigo,
pero no me hablas, y ya no puedo
alcanzarte cuando corro entre estos vientos.
¡Llévame antigua barca!
Déjame desangrarme de amor,
quizá algún día, pueda desandar tus pasos
y tus manos ya no acariciarán más mi rostro
y mi última lágrima no será para tí.
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