viernes, marzo 02, 2007

Miro hacia abajo

Yo sé que soy apegado a la nostalgia.
Recuerdo todo. Demasiado.
Con mis hermanos vivíamos en las afueras de la ciudad, unos 12 km. Hoy esa distancia no asustaría a nadie, pero estamos hablando de finales del año 1960, y en una provincia donde casi todo era selvático.
Las visitas de los familiares y amigos eran casi nulas, así que, la llegada de alguien era todo un acontecimiento.
En una oportunidad vino a visitarnos una prima hermana de mi madre con su hijo. Venían de lejos y se quedaban sólo unos días. Fueron unos días maravillosos, de juegos de niños, de conversaciones, de asombros.
Cuando ellos se fueron, lloraba en silencio, mientras hacía mis tareas. Recuerdo a mi amada abuela preguntándome que me pasaba, y yo no respondía nada.
Me dolía. Me dolía el corazón.
Años después supe que todas las partidas a las que asistí, tuvieron el mismo efecto, me dejaron una huella honda de pena.
Mi niñez creo que fue un vaticinio de mi soledad, de mi silencio, de mi mirada profunda.
De mi eterna espera.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Se que te cansa que te cuente mi vida desgraciada, pero la verdad es que leer esto me causa envidia. estabas con tu mamá y tus hermanos, y habían ido a visitarte tus primos.

No se si uno puede superar con un psiquiatra toda su vida ¡Dios! todos saben que no miento si en esta ciudad me conocen como ¡la hija de nelma! para colmo mi abuelo le vino a meter ese nombre raro, yo fui una marginal Ernesto aveces me siento sola y me pregunto a quien recurrir y se me vienen a la memoria cientos de personas, y solamente puedo llamar o ir a ver a mis compañieras de la facu.

Tengo recuerdos como cualquier persona común de mis compañieritos hasta del jardín de infantes, las/os hijos de los vecinos, pero siempre me excluyeron, busco comprender pero no lo logro...

De todos modos, como me dice Fernando Dios me ha bendecido, la tía Elena me decía que Dios me bendice ricamente, esa última palabra me sorprendía, es cierto pero hay cosas que nunca dejan de doler en lo profundo y que van marcando nuestro camino. La verdad es que si no hubiese encontrado a un hombre de otro lugar como es julian nunca me hubiera casado, y si me casé fue por huir de mi vida, y ahora me siento otra vez sin saber qué hacer porque no lo amo ni lo amé nunca pero le estoy aradecida siempre quise que ese agradecimiento fuese amor pero no lo es.

Hay un montón de cosas en tu escrito que son hermosas aunque no lo sea tu soledad.


Besos

Andrea