viernes, febrero 16, 2007

El anciano y mi sombra

Cuántas veces te he visto bajar de la colina, noble anciano.
Ya tus pies desandaban el camino;
no ibas, sino que volvías siempre del mismo lugar,
buscando e interrogando con tu mirada tibia, tenue
a la luz del ocaso que presagiaba tus anocheceres.
Nunca volverás al destierro noble anciano
tus manos acariciando la corteza de los árboles
¡Ah! ¡los árboles! los árboles, me dices
pero yo no entiendo.
No entiendo la lejanía de esas hojas
blancas de tanta vida, de tanto sol
nunca adormecido.
Quizás fui yo el que te tomé de la mano
aquella noche de fraguas de almas
y eras tú el que me abrazabas
en las noches.
Bendito en tu vejez, anda, no esperes
la barca que se aleja
sube ahora nuevamente la colina,
te esperaré en lo más alto,
sabré darte mi mano
para que alcances el último destino
y tú me ayudes
para que abrace todos esos árboles.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Es tu abuelito el anciano al que amás?
¿Te acordás cuando eras chiquito?
ó es inventado.
Se aprecia muy tierno el poema.

¡QUE LINDO!