viernes, febrero 03, 2006

El Volumen o el Servicio - II Parte

Resoplando un poco, desandé el camino y entré al negocio de herrajes para aberturas.
Más o menos el diálogo se dió así:

Yo: ¡Buen día!
Vendedor: Buenas....
Yo: Estoy buscando esta grampa...y se la muestro. Al ver la cara ya supuse todo.
Vendedor: Justo ayer vendí las últimas.
Yo: ...¿?
Vendedor: Puede conseguirlas en el negocio que está aquí a la vuelta
Yo: Gracias

Marcho hacia el otro negocio, unas 4 cuadras. No sería demasiado, pero ayer había una temperatura de verano en el infierno. Imagínense.
Caminé las cuatro cuadras, cuando llegué tenía el aspecto de un beduino errante luego de un largo viaje por el Sahara. Ahorrarse los comentarios, por favor.
A ésa altura ya ni preguntaba, sólo mostraba la grampa, total...ya sabía cuál iba a ser la respuesta.
Respuesta: No, no tengo señor. Disculpe.
Yo: ¿Y dónde puedo conseguir?
Respuesta: Ni idea.

Fueron las dos cosas más sensatas que escuché ése día. La primera fue la disculpa, el vendedor se disculpó por no tener la grampa. ¿O fue por mi aspecto?
La segunda es que no tenía idea de dónde conseguirlas. Piensen bien, ya me habían sugerido dos lugares, y ninguno tenía las dichosas grampas. Así que, que alguien me diga que no tiene idea de dónde conseguirlas, por lo menos me hacía pensar en que ya no tenía que ir adónde me decían. Ahora tomaba yo las riendas del asunto.

Miré fijamente hacia el SE, y decidí caminar el trayecto de una calle muy comercial de mi ciudad. ¿Cómo no encontrar allí una ferretería? Distancia: Aprox. 10 cuadras.

Ni una ferretería, ni una. Ni una casa de herrajes. Nada. Absoluta y completamente nada. Farmacias, colchonerías, casas de electricidad, kioscos, veterinarias, repuestos de aviones, venta de tractores, desarmaderos de portaviones, pistas de aterrizajes, pero ¿ferreterías?
En ése momento creí escuchar la risa de mandinga (il diábolo), pero creo que era la fiebre que me hacía desvariar.

Finalmente desistí de mi búsqueda, y marcho hacia la reunión con lo socios de la empresa. ¿Se acuerdan? Tenía una reunión a las 18:00, por éso salí antes, mucho antes.
Llegué tarde.
No existe peor cosa para mí que la falta de puntualidad, tanto la ajena como la propia. Pero es peor saber que me esperan. Terrible. Había salido de mi casa a las 16:30 y llegué a la reunión 18:15. Quince minutos fuera de horario. Inaceptable.

2 comentarios:

arlette cassot dijo...

Hola Ernesto:
Me encantó lo último que escribiste, aún no he revisado todo lo anterior, pero de momento, me encanta tu sencillez.

Te invito a leer mi blog:

http://arlettecassot.blogspot.com

Qué pena que no dejaras un mail para escribirte

Saludos cordiales desde Chile,

Arlette C.

Unknown dijo...

mi correo es ezicart@arnet.com.ar
Ahora voy a leer tu blog